La balada de la cárcel de Córdoba

The Independent on Sunday  Londres, 1996, 850 palabras  
English language version | Version de langue française  

Si tuviera que elegir una vivencia profesional privilegiada de mi tiempo en España, sería una serie de visitas que realicé a las escuelas talleres y concursos de cante flamenco en la cárcel de Córdoba. El proyecto fue concebido en los años 80 por tres personas extraordinarias: el guitarrista Rafael Trenas; el educador del centro, Antonio Estevez y el director del centro, Francisco Velasco. En el año 2000, con el cambio de gobierno, fue cortado de raiz, algo aún inexplicable. Al final del articulo hay un pequeño epilogo. (Foto: © Trini Machuca)

Translated by Marta Carranza

"Mi voz cambió en prisión", afirma Antonio Agujetas." Antes, sonaba como un niño. Ahora mi voz ha madurado. El paso por la cárcel ha destruido parte de mí, y eso, ahora, está en mi cante".

Agujetas, de 34 años, canta en el taller de flamenco que tiene lugar una vez por semana en la cárcel de Córdoba. Se creó hace ocho años para alentar a los reclusos gitanos a participar en las actividades educacionales, pero, actualmente, ha alcanzado un nivel tan alto que algunos alumnos están siendo preparados para cantar profesionalmente. Estudian técnica y letras, algunas de ellas procedentes del repertorio flamenco de la cárcel cuyo origen se remonta a comienzos de este siglo, de mano del guitarrista Rafael Trenas. Este año por primera vez, él ha sacado a cuatro alumnos y los ha llevado a actuar a las Peñas Flamencas de Andalucía, asociaciones de amantes del flamenco, entre quienes hay aficianados muy exigentes.

"Fue maravilloso cuando la gente se acercó a mí después y me habló como si yo fuera un cantaor", dice Agujetas. "Puedes ver la sorpresa en sus caras cuando empiezas a cantar, como si no esperaran nada de calidad".

Agujetas, quien ha cumplido tres cuartas partes de su condena de 22 años por delitos relacionados con drogas, llegó al cárcel de Córdoba para competir en el Concurso de Cante aNivel Penitenciario, un concurso bienal que funciona en paralelo con el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Los veinticuatro finalistas, que procedían de todas las zonas de España, y habían sido seleccionados tras escuchar sus grabaciones en cassette, conseguían como premio una reducción de sus penas y los ganadores podían pedir el traslado a Córdoba para unirse al taller, si así lo deseaban.

Cuando no están en los talleres, los flamencos siguen las rutinas diarias de la cárcel: limpieza y quehaceres de cocina, tres comidas, tres conteos. Debido a un reciente incremento significativo en los delitos relacionados con droga, la prisión está muy superpoblada. Alrededor de 600 hombres y mujeres están apretujados en un edificio ruinoso originalmente construido para la mitad de presos. A la hora del ejercicio, los patios tienen una actividad frenética. La mayoría de los flamencos comparten celdas de 3m x 2.5m, cada una provista con dos literas y un urinario. Los afortunados también tienen pequeños radio-cassettes.

Los alumnos de Rafael son típicos reclusos del centro penitenciario de Córdoba. Según Francisco Velasco, el director de la cárcel, el 80% son gitanos de entre 25 y 35 años de edad, los cuales están cumpliendo sentencias relacionadas con delitos de drogas. Alrededor de las tres cuartas partes de los miembros de este taller encajan en esta clasificación. En el ala de mujeres, la historia es similar; la mayor parte de las reclusas están cumpliendo condenas cortas relacionadas con ventas de droga a pequeña escala, a menudo en nombre de sus maridos. La incidencia del sida es alta.

next page


© 1980-2019 All rights reserved

Copyright
as published 

links