Lucha, es tu derecho: el Toro Osborne

El Mundo/El Dominical  Madrid, 1994, 1,750 words; adapted extracts
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De pequeña, las vallas junto a las carreteras a lo largo de España formaban parte de un nuevo paisaje: esos recortes negros, su silueta con el cielo azul de fondo, sin ser realidad ni ficción, convertía el bochorno del viaje en coche en toda una aventura. Más tarde, a mediados de los 90, los toros casi fueron desman-telados con la entrada en vigor de las leyes europeas para publicidad exterior. En ese momento aparecieron dos nuevas perspectivas acerca de los toros: el diseñador que los creó, y otra del estatus del arte publico.

Translated by Francisco Mengual

"Ahora es famoso," escribió Manolo Prieto hace diez años refiriéndose a su toro. "Fama que yo preví cuando lo creé: me costó mucho trabajo convencer a los que ahora presumen de él. ¿No sería posible que alguien quisiera echarme una manita, y decir públicamente que el autor de este 'toro' existe, aunque viejo, y que puede dar fe de su nacimiento y de las circunstancias que lo rodearon?"

Por desgracia Prieto no ha vivido lo suficiente para ver el clamor público por salvarlo. Aunque probablemente intuyera que su fuerza silenciosa le encaminaria firmemente hacia el honor de ser la primera valla publicitaria en Edmundo que pueda convertirse en monumento artistico nacional.

Prieto / ‘Es como si porque sobre un retrato mío alguien pintara un bigote, este dejara de ser mi retrato.’ (hablando del toro de Keith Haring).

"Nos dijo que el toro cogería mucha fama," comenta su hija Margarita. "Lo supo desde el principio y se llamó a sí mismo el 'autor-creador' con un toque de ironía."

PRIETO: AUTOR-CREADOR

Y en esa visión se encontraba bastante solo - deprimentemente solo, diríamos. Cuando en 1956 Prieto presentó el toro a Osborne, cliente de Azor, la agencia donde trabajó, como nuevo logotipo para el brandy Veterano, fue rechazado bajo el pretexto de que era más apropriado para una ganadería. 

Lejos de rendirse, Prieto insistió en ir a El Puerto de Santa María a defender su creación, y salió victorioso.

Tambien defendia su papel de 'autor-creador'. Muchos años después, el mini-toro cubierto por graffiti del artista neoyorkino Keith Haring - homenaje ¿y, o, copia? - provocó de Prieto el siguiente comentario: "Es como si porque sobre un retrato mío alguien pintara un bigote, este dejara de ser mi retrato."

Lo mas curioso al final es que el torito de Haring, inspirado en el de Prieto, ya ha estado varios años en el Museo de Arte Moderno de Nueva York antes de que el original se acepte como obra de arte. Como Agapito Pageo, de España Abierta, comenta ironicamente, "La realidad va siempre por delante del derecho."

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