Bilbao entra en el siglo XXI: El Guggenheim

El Mundo: La Revista  Madrid, 1996
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El proyecto del Museo Guggenheim en Bilbao no tenía precedentes en España, y encendió un largo debate acerca de política cultural y la inversión que suponia. Asuntos de gran interés en sí mismos, aunque fueron la implicación y la pasión del arquitecto Frank Gehry en el proyecto las que dejaron entrever que el resultado sería excepcional. En realidad, el proyecto marcó un antes y después en el marketing de las ciudades españoles a través de la arquitectura. En el transcurso de realizar el articulo, tuvé la fortuna de entrevistar al escultor Richard Serra, al director de la Fundación Guggenheim, Thomas Krens, y al mismo Gehry.

Translated by Oskar Lanziego

En una esquina de la línea del horizonte de Bilbao, una gigantesca aleta plateada centellea al sol; debajo, un pequeño ejército de trabajadores gata sobre unos andamios en curva que parecen desafiar todas las leyes de la geometría. Es el Guggenheim, que surge de su crisálida al comenzar el final de la cuenta atrás para su apertura. La fecha, 21 de junio de 1997, está decidida desde hace dos años. Pero todavía queda mucho por hacer.

"No ha sido un proceso fácil", comenta Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim de Nueva York. Cuando asumió la dirección en 1988, cincuenta años después de que el multimillionario heredero Solomon Guggenheim la creara, la Fundación se había convertido en una de las mayores colecciones mundiales del siglo XX, con 6,000 obras que recorren toda la compleja historia de la vanguardia.

Con el proyecto de Bilbao, Krens situa su reputación en la cuerda floja. Sabia que si no lo sacaba adelante muchos se llevarían una oculta alegría. Algo que, desde fuera, no parecía preocuparle. Ante todo esta su fe absoluta en la arquitectura de Gehry. "Hemos recibido críticas locales por el destino de los recursos, y ha habido bastantes bromas sobre la idea de un museo internacional. Pero a medida que el edificio ha empezado a levantarse, su magia ha empezado a funcionar."

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"A la gente le da un poco de miedo decirlo, pero es un gran edificio," opina Richard Serra, uno de los escultores de posguerra más importantes de Estados Unidos, que actualmente trabaja en una obra que se colocará en Guernica, junto a otras esculturas de Henry Moore y Eduardo Chillida. "Se diría que logra algo imposible, encaja muy bien en la escala del río y del puente, y, desde lejos, produce una impresionante colisión de formas, que recuerda la estética del futurismo." La opinión local oscila entre el orgullo y la perplejidad.

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