Last of the Independents: Lejanos del mundanal ruido

Last of The Independents  London, 2014, 1,200 words
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La familia Ochando de El Asador de Teodomiro enciende sus hornos de asar con jara, lo que le confiere ese especial y perfumado aroma a su cabrito asado, a sus pollos, a sus pimientos rojos y a sus puddings. Yo conocí a los Ochandos en el 2009, cinco años antes de que surgió el momento y sitio adecuado por un artículo: una serie, Last of the Independents (El Último de los Independientes), creada en 2014 por el blog Gareth Jones Food. Aquí está el texto en castellano, traducido por Oskar Lanziego.

Lea el artículo original en inglés ('So Far From the Madding Crowd') en: www.garethjonesfood.com/?p=11288

Galería fotográfica: fotos gracias a www.leilagarfield.com

Translated by Oskar Lanziego

"Mi abuelo Teodomiro pensaba que el trabajo de asar no era para mujeres, dice Irene Ochando. Menuda, vestida de negro urbano y con su largo pelo rubio recogido en una coleta para el trabajo. Es una mañana de domingo, su día más ajetreado de la semana. Está sazonando el cabrito para asar.

"Es verdad que es estresante y físicamente agotador", dice. "Pero me encanta la paz y tranquilidad de los hornos."

La historia del asador de Irene es diferente. Su madre aprendió a asar en la década de 1940, ayudando a su padre.

Irene es una figura poco común entre los maestros asadores de Castilla. Botín, en el corazón del casco antiguo de Madrid, es el más famoso entre ellos, conocido por tener uno de los hornos en funcionamiento más antiguos del mundo. Aquí se pueden ver a asadores de anchas espaldas moviéndose habilidosamente alrededor de sus fuentes de cordero lechal y cochinillo asado sosteniendo una paleta de madera. Pero muchos asadores de hoy en día son modernos, respondiendo al aumento de la demanda desde que la carne se ha convertido en un alimento diario en décadas recientes. Este tipo de asadores, a menudo equipados con hornos de gas, requieren de mucho menos trabajo. Sin embargo, rara vez emplean a mujeres asadoras profesionales.

LOS ASADOS DE OTRA EPOCA

La historia del asador de Irene es diferente. Su madre aprendió a asar en la década de 1940, ayudando a su padre. En aquellos días la carne era un lujo: para encontrar trabajo viajaba por los pueblos de la sierra, para asar en las fiestas de los pueblos y en las bodas. Más tarde el padre de Irene, Vicente, picapedrero, construiría el actual restaurante, una casa achaparrada de granito en el centro de La Cabrera, el pueblo natal de la familia, ubicada en las laderas de las sierras del norte de Madrid. En la planta baja, detrás del comedor, del bar y de la cocina, está el asador. Arriba está la casa de la familia compartida por Irene, su marido gallego Sabi y sus dos hijos.

"Nadie hace comentarios sobre el hecho de que yo sea una mujer", dice Irene, "pero tampoco nadie lo espera. La pregunta que todos me hacen ahora es: ¿por qué el sabor de la carne es tan especial? "

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